Evangelismo y Discipulado Como una Expresión de nuestro Deleite en Cristo
En la Iglesia Bautista Oakhill, creemos que el evangelismo y el discipulado no son meras actividades programadas, sino el fruto natural de un corazón transformado por la gloria de Dios. Nuestro deseo no es simplemente cumplir con una obligación religiosa, sino vivir impresionados por Cristo, y desde ese gozo interno, compartir su belleza con el mundo.
Evangelismo que nace del deleite
El evangelismo en nuestra iglesia no se fundamenta en la presión, el deber o la estrategia humana, sino en el disfrute profundo de quién es Dios. Como nos recuerda el principio de glorificar a Dios, solo podemos honrarlo verdaderamente cuando hemos tenido un encuentro personal con Él, donde su gloria se ha vuelto atractiva a nuestros ojos. Es desde ese deleite – no desde el deber- que nacen las conversaciones transformadoras con los perdidos.
Cuando Cristo es suficiente para el alma, hablar de Él no es una tarea pesada, sino una necesidad gozosa. Cualquier intento de compartir el evangelio que no fluya de esa satisfacción corre el riesgo de ser vacío o superficial. En Oakhill, animamos a cada creyente a preguntarse: ¿Estoy viviendo impresionado por Cristo? Porque es esa impresión lo que enciende el fuego evangelístico.
Discipulado que fluye del asombro
El discipulado en Oakhill se concibe como el caminar conjunto de creyentes que, cautivados por la gloria de Dios, desean crecer en conformidad a Cristo. Glorificar a Dios comienza por disfrutarlo, y ese disfrute es contagioso. Un creyente impresionado por la belleza de Cristo
inevitablemente busca ayudar a otros a ver lo que él ha visto.
Por eso, nuestras relaciones de discipulado están marcadas por el compartir profundo de experiencias espirituales, la mutua rendición de cuentas, y el deseo conjunto de crecer en santidad. No discipulamos para impresionar a Dios ni a otros, sino porque estamos viviendo impresionados por Él.
¿Cómo sabemos que estamos dando gloria a Dios?
La respuesta a esta pregunta es la base de toda nuestra vida misional. En Oakhill evaluamos nuestro compromiso evangelístico y discipular preguntándonos:
- ¿Cristo me satisface?
Si la respuesta es sí, entonces mi vida será una expresión natural de su gloria. - ¿Estoy compartiendo a Cristo con otros?
Si estoy experimentando gozo en Él, naturalmente querré compartirlo. Evangelizar, discipular, servir y participar en misiones no serán tareas impuestas, sino desbordes del corazón.
Conclusión
En la Iglesia Bautista Oakhill, evangelizamos y discipulamos no porque debamos, sino porqueCristo es hermoso y suficiente. Nuestra meta no es impresionar a Dios, sino vivir impresionados por Él, y desde ese lugar, invitar a otros a ver, saborear y seguir al Salvador.


